Jaime Delgado Rojas
Motivación
Se dijo como recomendación,
y también como resignación. Lo ocurrido el 7 de octubre del 2007 debía ser dejado
en el pasado: como si no hubiese existido; en fin, el Tratado de Libre Comercio
de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos de América
(DR-CAFTA) se iba a poner en marcha; era un hecho pues hubo una “voluntad popular”,
aún dicen, expresada en las urnas, que así lo demandaba. Era, decían, un mandato
soberano del “pueblo costarricense” que por mayoría lo había aceptado.
Recordemos que en la noche de aquel 7 de octubre hubo fiestas de todo tipo entre
los sectores políticos, empresariales y diplomáticos; y no faltaron los intelectuales
que, bien pagados, bien engañados o ingenuos, se sumaron a la celebración: Costa
Rica había ratificado una plataforma política que lo llevaba a ser “parte de la
historia” que estaban escribiendo, ahora, las transnacionales del capitalismo salvaje;
habíamos, por vía de un referéndum y con votación mayoritaria, ingresado al mundo
de las ilusiones, el cero desempleo, la felicidad, la erradicación de la pobreza,
la eliminación de fronteras, las barreras y las discriminaciones a los bienes, servicios,
inversiones, capitales y etcétera, que irían y vendrían del Norte y del Sur hacia
estas tierras de dios.
Por tanto, había que dejar
todo el trago amargo de las discusiones “bizantinas” en las que nos metieron los
tercos, izquierdistas, ambientalistas, sindicalistas, melenudos, chancletudos, ilusos
y malos ciudadanos al poner en entredicho que lo que se había negociado no eran
solo beneficios y prebendas: el Presidente Arias dijo que empezaría la etapa de
la historia donde se dejarían las bicicletas para dar paso a los cuadraciclos y
los BMW, en alusión a los medios de transporte que usa la clase trabajadora para
ir y venir de su casita a la fábrica o la oficina. Diría que el empleo emanaría
por todos lados. Claro que no faltaron los chantajes, como el “memorándum del miedo”
redactado hábilmente por el diputado Fernando Sánchez y el vicepresidente Kevin
Casas y dirigido a los Alcaldes de todos los cantones recordando la potestad
del Poder Ejecutivo en la transferencia de recursos a los Municipios y amenazas
a los obreros de las fábricas, por la estabilidad en su trabajo[2].
Había que “darle vuelta
a la página” de la evidencia puesta en el tapete de las discusiones, de las mentiras,
los engaños y los chantajes.
No fue un discurso solo
de los acaudalados del poder y el dinero. Lo mismo dijeron algunos cuadros dirigentes
de los derrotados: intelectuales y políticos que se sintieron muy cómodos rechazando
el DR-CAFTA y que luego debían ganar méritos ante los poderosos haciendo discursos
de arrepentimiento y propósito de enmienda en una práctica de no obstaculizar las
leyes de implementación. A partir de octubre del 2007, a favor de estas leyes hubo
38 votos parlamentarios firmes; pero hubo los que, muy cómodos, hacían quórum parlamentario
para que la aprobación de aquellas leyes no se retrasara[3].
Después vendrían los ocultamientos,
invisibilizaciones y justificaciones de los impactos negativos de la puesta en vigencia:
pobreza, desempleo, violencia, desmantelamiento del aparato estatal y demandas internacionales
cuando la sociedad, en las calles, lograba parar concesiones oprobiosas, en extracción
minera, servicios e infraestructura, a empresas transnacionales.
No obstante, al celebrar
el sexto aniversario de aquel referéndum no han faltado voces, naturalmente desde
los sectores conservadores, en particular en las redes sociales, que han hablado
de la necesidad de “pasar la página”, juzgando de nostálgica a la izquierda por
la derrota sufrida. Pero lo que más llamativo es que ahora, como si no hubiese
pasado nada, se incorpore en las papeletas de alguno de los partidos herederos
de la lucha por el NO TLC, a un cuadro de la oligarquía nacional que fustigó
combativamente a favor del SI en alianza antipatriótica con la diplomacia
norteamericana, los empresarios de las transnacionales y los gobernantes de
turno. Esta ha sido la expresión concreta de la expresión metafórica de “pasar
la página”, como si la historia naciera de cero permanentemente. La historia no
nace de cero pues los procesos sociales, movilizaciones, acontecimientos, gentes
e ideas empujan de atrás hacia adelante, sin que haya una fecha que evidencie una
ruptura. Así que un acontecimiento como el del 7
de octubre del 2007 no dio inicio a una nueva etapa, ni tampoco cerraba ningún capítulo
precedente.
Antecedentes
Empecemos con la primera
Administración del Dr. Oscar Arias (1986-1990). En aquella oportunidad, con la euforia
del plan para la pacificación y conciliación nacional en Centroamérica y, sobre
todo con un jugoso Premio Nobel de la Paz, el Presidente impulsó en Costa Rica un
proceso de apertura y libre comercio en dos direcciones: por un lado y por presiones
de su entorno inmediato, los acuerdos de Esquipulas I y II se constituían en un
mandato de apoyo a la integración centroamericana que, con el nombre de Mercomún
venía teniendo altibajos desde 1960. Costa
Rica había ingresado por adhesión a los acuerdos centroamericanos en 1963
y terminó siendo, a la postre, el país más exitoso en su desarrollo relativo. Los
acuerdos de Esquipulas llevaban el explícito de la profundización de los tratados
originarios de la integración centroamericana desde la Carta de San Salvador de
1961 o mucho más atrás y, por tanto, los compromisos del Dr. Arias estaban marcados
por temas regionales.
Sin embargo, el multilateralismo
no dejaba de coquetearle. La primera tarea fue la de pedir para Costa Rica el ingreso
al GATT, organismo que estaba estancado en su última Ronda, la Uruguay, iniciada
en 1986. Había interés por parte de las grandes potencias de desentrabar estas negociaciones
multilaterales y para ello la incorporación de nuevos socios, con buen perfil, era
estratégica. Así las cosas, el país fue aceptado entre los socios del GATT en 1990
y sería, a la postre, el segundo socio de los países del Mercomún pues Nicaragua
estaba en ese selecto club desde 1950. Con este ingreso el país quedaba
comprometido con sus principios de apertura, libre comercio, no discriminación
y trato nacional[4].
El gobierno siguiente,
de Rafael Angel Calderón no diezmó esfuerzos en estos dos cometidos: la integración
se profundizó en temas políticos, económicos, jurídicos, ambientales, de seguridad
y, por su parte, la apertura empezaría a dar frutos con la negociación de un Tratado
de Libre Comercio con México, nación que a su vez negociaba su ingreso al Tratado
de Libre Comercio de América del Norte. Por su parte, El Salvador, Guatemala y Honduras
irían poniéndose en la fila de ingreso al GATT lo que lograrían en 1991 y 1994.
Para 1994, cuando México
inicia su militancia en el TLCAN y la Ronda Uruguay llega a su fin con la firma
de los Acuerdos en Marrakech, donde se creara la OMC, Centroamérica era una zona
bastante bien integrada, con promesas de Unión Aduanera más profunda, acuerdos políticos
bien concebidos, como el Parlamento Centroamericano y la Corte Centroamericana de
Justicia y programas regionales de carácter social, educativo, cultural y ambiental
ambiciosos como la Alianza para el Desarrollo Sostenible. Las ratificaciones de
los acuerdos de la Ronda Uruguay y el ingreso de estos países a la OMC fueron inmaculados:
no hubo reacciones, ni rechazos, ni discusiones, ni movilizaciones. Esto permitió
el anuncio de otra de las grandes promesas del imperio continental: la convocatoria
por parte del Presidente Clinton a una cumbre en Miami para deliberar sobre la creación
de un Área de Libre Comercio de las Américas, heredera de la Iniciativas de las
Américas que impulsara en 1990 el presidente George Bush padre. El libreto de las
aperturas, la no discriminación y el trato nacional, estaba siendo puesto en escena
con todas sus partituras.
Para mejor entonar ese
libreto era necesario eliminar algunos obstáculos creados en la integración regional,
como por ejemplo, la tarea asignada a la Corte Centroamericana de Justicia de
ser el organismo para resolver conflictos; de igual forma potenciar la
condición Costa Rica de país con
ventajas competitivas. El acuerdo para reformar el art. 35 del Protocolo de Tegucigalpa,
en el año 2002, dio por sentado que la CCJ, con sede en Managua, era innecesaria
para dirimir diferencias en asuntos comerciales: a partir de ahí para qué hacer
esfuerzos en incorporarse a ella; lo mismo al Parlamento Centroamericano, si Costa
Rica gozaba de privilegios comerciales que lo hacían diferente y hasta
excepcional.
El Ministerio de
Comercio Exterior tico seguirá su juego de negociaciones comerciales internacionales:
Canadá, luego Chile, más tarde CARICOM y las señales continúan. El fracaso anunciado
del ALCA aceleró las pretensiones del “alquita” regional, suscrito entre
diciembre del 2003 y enero del 2004. No hay por qué gastar tinta en describirlo
pero, para la potencia hegemónica continental, si el libre comercio no podía llegar
hasta la Tierra del Fuego atravesando todas las fronteras como se pretendía en
el ALCA, al menos podía ir, de a poquito, eliminándolas.
Frente a la fortaleza
de otros esquemas de cooperación latinoamericanos alternativos, como el ALBA y
UNASUR, Costa Rica ingresa a la Alianza del
Pacífico (Chile, Colombia, México y
Perú) con perspectivas de acercamiento
a la APEC, donde militan México, Chile y Perú, además de Estados Unidos y
Canadá, por este continente. Y, en todo esto, los acuerdos regionales centroamericanos
quedaron en el olvido, o al menos, en algún estante para verlos después.
Sin embargo, ni con México,
Canadá, Chile y el resto; ni en la puesta en práctica del acuerdo GATT que crea
la OMC tuvimos a mano el desborde del vaso de la metáfora neoliberal, o bien la
invitación al banquete. Si bien, Costa Rica venía siendo el país con mejores condiciones
de desarrollo relativo regional, no por eso su sociedad civil y los sectores más
movilizables de la misma estaban satisfechos con aquel proceso de apertura acelerado,
sobre todo que la voracidad de las transnacionales nunca fue ocultada. Este país
había heredado, por la lucha social y la movilización popular desde los años 40
un estado social de derecho y una institucionalidad pública bastante sólida y exitosa:
salud, seguridad social, universidades públicas, energía y telecomunicaciones, seguros,
banca, etc. La primera estocada se infringe al Instituto Costarricense de Electricidad
mediante un paquete de leyes que pretendían transformarlo significativamente y someterlo
a los vaivenes de la competencia internacional. En defensa de esta institución,
entre 1999 y el 2000, se activaron los dispositivos de movilización social: las
calles, la toma de conciencia y las movilizaciones fueron el referéndum callejero
propicio para que el llamado “Combo ICE” pasara al archivo: se contabilizaron 274 protestas en 14 días. Fue una prueba
y un pulso con el poder que iría a ponerse otra vez en la mesa, a partir del 2004
con el CAFTA.
Mas esta vez, en el
caso de Costa Rica, el poder no va a medirse en las calles, sino en un referéndum.
Para enfrentar el Tratado se crearon, en todo el país, Comités Patrióticos por
el NO-TLC identificados con un simbólico corazón con los colores de la bandera
nacional. La propuesta de referéndum fue propuesta por algunos opositores al
tratado que creyeron, ingenuamente, que en un debate abierto, el gobierno del Dr.
Arias iría a respetar normas elementales de equidad con sus opositores[5]. Empero, el espacio fue muy
bien aprovechado por el poder: el gobierno, el empresariado, la gran prensa
internacional y la embajada americana echaron mano de artimañas y extorsiones.
Esto les permitió que el Tratado llegara a aprobarse, aunque por estrecha mayoría,
cuando las encuestas habían vaticinado que se perdería en las urnas: los Comités
Patrióticos habían luchado contra un monstruo de muchas cabezas, un “gigante de
siete leguas”. Se había exhibido el poder del Estado en toda su expresión. Sin embargo,
la manifestación callejera del último domingo de setiembre de 2007 fue la más grande
manifestación popular que se haya visto en la historia nacional. Por ello, no
en vano, se habla del “santo fraude” del 7 de octubre.
Y aun hay quienes creen
que debemos “darle vuelta a la página”.
DR-CAFTA: dividiendo vencerás
Paradógicamente Costa Rica no había tenido, en su historia reciente,
una organización política de izquierda numerosa. En el gobierno se ha exhibido un
intercambio bipartidista de posiciones liberales y neoliberales, con notas anecdóticas
de social democracia y social cristianismo. Las posiciones marxistas más notorias
habían decaído a finales de los años 80 y lo único que permaneció como expresión
de lucha popular se manifestaba en las dirigencias sindicales básicamente de empleados
públicos: salud, educación superior, portuarios y telecomunicaciones. Sin embargo,
se fueron creando, al margen de la vida partidaria, organizaciones sociales de debate,
reflexión y lucha por la ampliación de los derechos de las personas, mujeres, indígenas,
afrodescendientes, condiciones especiales, LGTBI, la defensa del ambiente, etc.
La lucha contra el Combo-ICE, de 1999-2000, activó esperanzas postergadas.
A diferencia, en dos países
de la región, las organizaciones partidarias de izquierda eran numerosas: el Frente
Farabundo Martí en El salvador y los sandinistas en Nicaragua. Uno y otro, solo
hicieron oposiciones simbólicas para enfrentar la aprobación del CAFTA, cuando
su capacidad de movilización llegaría a demostrarse posteriormente en
elecciones nacionales victoriosas en cada uno de sus países.
En
el Salvador el CAFTA se aprobó la madrugada del
17 de diciembre de
2004 en la Asamblea Legislativa con el apoyo de todas las fuerzas políticas salvo el
Frente Farabundo Martí
para la Liberación Nacional.
Este fue el primer país en ratificar el Tratado, evento que provocó, en su
oposición, protestas callejeras de diversas organizaciones sindicales y grupos
opositores, algunas acompañadas por dirigentes de algunos partidos políticos.
El saldo de las manifestaciones fue de diversos episodios de violencia que
dejaron detenidos y heridos.
En Nicaragua, el Secretario
General del FSLN declaró en el 2005:
…. que la
bancada sandinista no bloqueará el trámite para ratificar el Tratado de Libre Comercio
con Estados Unidos conocido como Cafta, (…) los 38 diputados sandinistas no serán
obstáculo para la ratificación si los liberales y los Azules y Blanco reúnen los
votos para hacerlo pero después el pueblo va a sentir los efectos. (http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2005/10/09/nacionales/2970)
El congreso nicaragüense lo ratificaría la noche del 10 de octubre de 2005,
al cabo de un debate parlamentario extenso que desembocó en la aprobación por
mayoría simple. El argumento fundamental de la oposición fue que el tratado
llevaría al "aumento de la brecha entre ricos y pobres". Hubo
múltiples protestas callejeras con el objetivo de frenar la ratificación,
argumentando que las disposiciones favorecían únicamente a la llamada clase alta del país. Pese a la cantidad de personas
enfrentadas a la policía, no se registraron incidentes de violencia.
Con menos presencia en la sociedad de organizaciones de izquierda, en Honduras, Guatemala y República Dominicana
hubo muestras de oposición callejera.
El parlamento hondureño ratificó el tratado el 3 de marzo de 2005 con los votos de cuatro de las cinco
bancadas legislativas, convirtiéndose en el segundo país en ratificarlo. Tras su
aprobación, agrupaciones sindicales y opositoras irrumpieron en el salón de
sesiones del congreso, obligando a los cuerpos de seguridad a sofocar la
protesta. En general, diversas organizaciones tomaron calles y protestaron
contra lo que argumentaron, era un paso para el empobrecimiento del país.
El congreso guatemalteco ratificó
el 10 de marzo de 2005 el
tratado mediante el Decreto 31-2005, con 126 votos a favor y 12 en contra,
dándole calidad de emergencia nacional al considerarle un tema de
prioridad en el tratamiento legislativo. Los diputados que votaron en contra
argumentaron que había sido negociado a espaldas de la población y que solo
defendía los intereses de un pequeño grupo de empresarios, que el gobierno se
había resistido a informar del verdadero contenido, objetivo y efectos. Días
antes a la introducción de la propuesta, diversas organizaciones e
instituciones presentaron sus muestras de rechazo al tratado: hubo protestas
callejeras integradas por varios sindicatos, mas rechazos de la universidad estatal
y de la Conferencia Episcopal guatemaltecas. Las protestas por su aprobación
tuvieron un saldo de un policía lesionado y un detenido por el delito de
desórdenes públicos.
En República Dominicana, el
congreso buscó adecuar las leyes nacionales al funcionamiento del
CAFTA, esperando para ratificarlo por unanimidad hasta que la legislación fuese
compatible. Fue así que en el 2005 se aprobó el dictamen que haría entrar en
vigor el tratado al siguiente año. Las protestas de sectores opositores al
tratado trascendieron en Santo Domingo hasta realizar huelgas de hambre y
paralización del tráfico. Pese a que no hubo actos de violencia, las
autoridades buscaron la captura de los dirigentes de las protestas.
Así, entonces, la realidad fue
muy distinta en Costa Rica. Este país fue el único donde se sometió a
referéndum lo que permitió el debate sobre los distintos tópicos del Tratado en
distintos escenarios del país. Fue una gesta nacional en la que participaron
grupos sindicales, intelectuales, profesionales diversos, ambientalistas, de
mujeres, personas especiales: toda una gama muy variada de agrupaciones
opositoras, en calidad de Comités Patrióticos, en una campaña orientada a evitar
que la población votara afirmativamente, incluyendo la repartición de
información y movilización de personas a protestas. El Estado hizo lo propio
organizando y posibilitando la organización de grupos que apoyaron la
ratificación del tratado mediante publicidad masiva y actividades de
concentración.
Esto hizo que, aunque la encuesta
de Unimer señalara que la ventaja del No al Si era de prácticamente 12 puntos
porcentuales, la incursión de los medios, sobre todo de factura multinacional y
en particular la cadena CNN, más el chantaje, el miedo y la presión de todo el
poder del Estado, dieran como resultado un 51.62% a favor y un 48.38% en
contra, siendo vinculante por superar el 40% de electorado que ejerció el
sufragio.
Esa mitad del electorado que dijo
NO es razón suficiente para no “darle vuelta a la página”.
Después, las leyes de
implementación fueron aprobadas y el tratado empezó a regir en Costa Rica el 1
de Enero del 2009.
De hecho, la incorporación
de República Dominicana, un invitado de última hora, fue útil para dar amplitud
a una negociación que debía, desde el interés de la gran potencia, hacerse de manera
multilateral: de ahí que la institucionalidad de la integracion centroamericana
no jugara ningún papel en el proceso. Si bien por las formas, el CAFTA fue una
negociación centroamericana, por su contenido no se despegó de la práctica
“radial” de otras negociaciones cuyo piso es la O.M.C. En las mesas tuvo solo
como invitados a los grupos empresariales del “cuarto adjunto” práctica que ya
había sido experiencia en las negociaciones del ALCA: la sociedad civil
popular, los movimientos sociales, no tuvieron participación.
Esta falencia jugó a
favor de la potencia y le permitió que lo negociado quedara como “escrito en
piedra” no importando lo que pudiera surgir en el debate en la calle.
Y, los resultados están a la
vista: no hay donde se diga que la implementación del CAFTA haya sido un éxito.
Para el 2008 se observaban los efectos negativos en el ámbito social en los
primeros países que lo pusieron en marcha, El Salvador, Nicaragua y Honduras
(ver Coalición Alto al CAFTA, 2008). Las
expectativas señaladas por los políticos que lo impulsaron, al lado de los
dueños de los grandes negocios han quedado sumamente postergadas: en Costa Rica
no se ven, por ningún lado los cuadraciclos y los BMW si no es en manos de los
que siempre tuvieron capacidad de comprarlos. Se señala en estadísticas
confiables que el desempleo aumentó en términos relativos, lo cual trasladado a
números absolutos señala una inmensa población sumida en la falta de esperanza;
la pobreza no se ha detenido y los índices señalan que ha habido un traslado de
mucha gente de una condición de clase media a niveles de apenas subsistencia o
indigencia marcada[6].
Con esto se ha ido reduciendo el
colchón de estratos intermedios de la población soporte histórico de la
democracia y base social de lo que fuera la socialdemocracia y la democracia
cristiana.
Mientras en Costa Rica se activan
los programas de concesiones a empresas transnacionales y se someten a la
competencia actividades de servicios que fueron soporte de la seguridad social
institucionalizada del pasado; por esa vía los grandes negocios son enfrentados
por una población cada vez más movilizada: sigue a la espera la concesión de
explotación petrolera en manos de la Harkem, cae en pedazos un negocio
calificado de utilidad pública por el gobierno del Dr. Arias, para explotar, a
cielo abierto, el oro de la región de Crucitas al Norte del país. La
concesionaria que ha perdido los juicios en todos los tribunales nacionales
acude a dirimir el conflicto en la Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones para reclamar una indemnización de mil
millones de dólares. Mientras la concesionaria OAS brasileña sienta al Estado
para que la indemnice pues las organizaciones comunales del país impidieron que
se echara a andar un magno negocio de peajes a cambio de reparaciones y
mantenimiento a una carretera existente. Se cae la infraestructura nacional en
un país que dejó de hacer y dar mantenimiento a puentes y caminos para concesionarlos
a los grandes inversionistas. Y esto forma parte de la misma página: la euforia
sobre el libre comercio y la apertura.
Es por lo dicho que no se puede “pasar
la página” aunque haya quienes, compañeros de peleas en el contexto del 7 de
octubre del 2007 ahora quieran pasar a otros estadios de la historia. No es un
asunto de personas, sino de posiciones, no es un tema de pedazos del paquete
negociado, seis o siete partes que podrían cambiarse, como se ha dicho en la
prensa, sino de una actitud de lucha paradigmática sobre dos modelos de
desarrollo nacional y regional que están en debate: por un lado, en el SI, la
profundización del desarrollo económico capitalista con aperturas y libre
comercio, enrumbados dentro de la selva de competencias internacionales como si
fuéramos un solo mercado mundial y, por el otro, una vuelta a un estilo de
desarrollo que quedó truncado allá por los años 80 y que venía siendo exitoso
para las grandes mayorías: seguridad y garantías sociales, institucionalidad
audaz y pujante desde el Estado, en fin, un estado social de derecho que tiene
que ser profundizado. Es volver al rumbo, por lo que no podemos, simplemente, “cambiar
la página”.
Perfil y Agenda para futuras y pasadas
negociaciones
Efectivamente son dos
modelos posibles y todo parece indicar que, ni Costa Rica, ni el resto
los países de la región, tengan un machote propio, un perfil o agenda país para
negociaciones y acuerdos de libre comercio y apertura: ni con el Norte, ni con
el Sur se salen de la agenda de la OMC.
Sin embargo, en la región
centroamericana ha habido proyectos regionales propios: la cláusula
centroamericana de excepción, un compromiso moral de “no suscribir
unilateralmente con países no centroamericanos nuevos tratados que afecten los principios
de la integración económica” regional (Delgado, 2011: 140 y ss.), que data de
inicios del Siglo XX, antes de la existencia del GATT; la instauración de una
institucionalidad, emanada de los acuerdos de paz y sustentada en la
democracia, la conciliación nacional y el desarrollo, permitían, con los
principios de gradualidad, especificidad y progresividad, alcanzar una
integración económica y un desarrollo armónico y equilibrado con tratamiento
especial a los países menos desarrollados (art. 4, inc. e- Protocolo de
Tegucigalpa); esto quedó muy bien
plasmado en el programa de la ALIDES de
1994 y en el Protocolo de Integración Social, suscrito en San Salvador en 1995
(ver Delgado 2009: 167 y ss). Pero esta juridicidad regional, endeble y
vulnerable quedó en la gaveta del escritorio, para ser vista en mejores
momentos. Centroamérica debería volver a ella.
Por la existencia de esos dos
modelos en disputa es bueno, más bien, mirar atrás y profundizar lo avanzado
hacia el futuro.
Las negociaciones que deban
impulsarse tendrían que estar marcadas por un compromiso de justicia comercial,
con cláusulas que permitan la compensación de pagos de la cuenta de comercio
intrarregional, como lo existió en los tiempos del Mercomún, así como normas
que obliguen a que la cancelación de deudas no se hagan afectando los servicios
básicos de las grandes mayorías.
Deberán contar
con principios de protección de la vida digna de los pequeños productores
agrícolas, las comunidades indígenas, y las mujeres; con fortalecimiento de las
clausulas sobre derechos laborales y normas ambientales. La defensa de medio ambiente
y el paisaje natural debe ser política pública inquebrantable.
Junto a
ello, la defensa y consolidación de la seguridad alimentaria regional (y
nacional) que garantice soberanía alimentaria, para que estas débiles naciones
no se vean sujetas a los vaivenes de los precios internacionales de los
productos de la canasta básica según criterios de las transnacionales de los
alimentos.
De igual
forma como se ha hecho dentro del SICA con la facturación conjunta de medicamentos,
debe darse paso a medidas de sanidad regional mucho más audaces, como es la
circulación y contratación de profesionales en medicina que puedan saldar las
carencias de salud en las regiones más a la intemperie. Además, de darse garantías
de que los servicios públicos como la salud, la educación y el agua potable sean,
como derechos humanos inalienables, accesibles a la totalidad de la población.
Para lograrlo las negociaciones,
no sólo en los ámbitos comerciales, pero sobre todo en estos, deben estar
sustentadas en el debate abierto, la participación democrática y la transparencia
durante todo el proceso y en el marco de respeto y defensa de la soberanía
nacional.
Bibliografía
Cámara de
Industrias de Costa Rica (2008), CICR apoya la rápida aprobación de la Agenda
de Implementación - 09/01/08. http://www.cicr.com/index.php?option=com_content&view=article&id=94:cicr-apoya-la-rapida-aprobacion-de-la-agenda-de-implementacion-090108&catid=441&Itemid=3, recuperado 11/10/13
Comité Consultivo del Sistema de
la Integración Centroamericana (2008), Perspectiva
de la sociedad civil centroamericana: marco de referencia para la negociación,
seguimiento y evaluación del Acuerdo de Asociación Unión Europea Centroamérica.
Centroamérica: CC-SICA.
Delgado Rojas, Jaime (2009), Construcciones supranacionales e integración
regional Latinoamericana, San José. Editorial de la Universidad de Costa
Rica.
Delgado Rojas, Jaime
(2011). “Supranacionalidad
y libre comercio en Centroamérica: de la ilusión comunitaria a la realidad
multilateral”, en La adopción de
políticas en el Sistema de la Integración Centroamericana. Propuestas para su
perfeccionamiento a la luz de la experiencia europea (p.p. 135-161), Plaza
y Valdés Editores, Universidad Rey Juan Carlos y UNED, Madrid.
DeLury Cip, Jennifer (2009), La Coalición “¡No
al TLC!” emite su informe sobre tres años del fracasado acuerdo DR-CAFTA, February
19th, 2009 · No Comments, Comunicado de Prensa,
12 de febrero, http://www.stopcafta.org/la-coalicion-%E2%80%9C%C2%A1no-al-tlc%E2%80%9D-emite-su-informe-sobre-tres-anos-del-fracasado-acuerdo-dr-cafta/, recuperado 11/10/13
La
Coalición Alto al CAFTA (Diciembre 2008), DR-CAFTA: Efectos y Alternativas, El
Tercer Reporte Anual de La Coalición Alto al CAFTA, en internet. http://www.stopcafta.org/wp-content/uploads/2009/01/dr-cafta-efectos-y-alternativas-final.pdf
Loría
Quirós, Carlos Roberto (2007) TLC por
culpa de Ottón, Campanada 456, campanada.org, 25 de octubre, http://www.campanada.org/index.php?option=com_content&view=article&id=259&catid=27:corrupcion-politica&Itemid=2, Recuperado 11/10/13
Mora Jiménez, Henry (2013), “La
pobreza en Costa Rica: persistencia de una paradoja y un drama nacional.
Propuesta № 42”, Costa Rica El país.cr, Miércoles 27 de mayo, http://www.elpais.cr/frontend/noticia_detalle/3/81689, recuperado 16/10/13
[1] El texto preliminar de
este ensayo, con carácter de borrador lo hice circular en un grupo de amigos.
Muchos de ellos me dieron opiniones y criterios, hicieron observaciones y
críticas. Agradezco a todos, en
especial a Horacio Cerutti, Rafael Cuevas, Sergio Reuben, Rodrigo Quesada Solís
y Alvaro Rojas Valverde, sus aportes al texto que permitieron mejorarlo y
ampliarlo; sin embargo, los errores y falencias que subsisten son
responsabilidad absoluta del autor.
[2]
El tema del “memorándum del miedo” fue sumamente agitado y debatido en la
prensa, a tal punto que el Vicepresidente Kevin Casas se vio obligado a
renunciar; mientras el diputado Sánchez, no renunció a su curul y fue bendecido
en el gobierno de Laura Chinchilla, con el nombramiento de Embajador ante el
Vaticano, donde participa en la negociación del Concordato entre la Santa Sede
y Costa Rica.
[3]
Ese bloque parlamentario lo constituían diputados del Partido Liberación
Nacional en el gobierno, más los diputados del Movimiento libertario y de la
Unidad Social Cristiana, ambos de derecha y algún diputado independiente. En la
oposición, los diputados del Partido Acción Ciudadana que adversaron el CAFTA y
participaron de los Comités Patrióticos, se comprometieron a no violentar el
quórum para que la Asamblea Legislativa pudiera funcionar.
[4]
Sobre este tema hay un ensayo anterior, “Supranacionalidad y libre
comercio en Centroamérica: de la ilusión comunitaria a la realidad
multilateral” (2011) donde expongo el proceso de desmantelamiento de la
Cláusula Centroamericana de Excepción, piedra angular de la integración
centroamericana, gracias a la incorporación paulatina de estos países en el
GATT y la firma de posteriores Tratados de Libre Comercio.
[5]
Interesante el resumen periodístico de hechos a propósito de las actuaciones
del líder del PAC Ottón Solís, realizado por un periodista de Campanada. Ver Loría Quirós, Carlos Roberto (2007).
[6]
Hay un valioso estudio que ha hecho la Universidad Nacional de Costa Rica y un
valioso trabajo intelectual del Dr. Henry Mora de esa institución
universitaria. (ver Mora Jiménez, 2013)
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